LA VIDA DESPUES DE LA MUERTE, Parte IV
PREGUNTA Nº 56
¿Nos encontramos con los seres queridos después de la muerte, aún cuando hayan tenido una creencia diferente de la nuestra o aunque
Respuesta: Sí, los encontramos y los reconocemos, porque no hay poder transformador alguno en la muerte. El hombre aparecerá allí en la misma forma que aquí, porque él se cree que es de esa forma, pero el lugar en el que lo encontremos depende de varias cosas.
En primer lugar, si hemos vivido una vida muy religiosa, de manera que no tengamos existencia alguna en el Purgatorio y muy poca en el Primer Cielo, yendo casi directamente al Segundo Cielo, mientras que el ser querido, si fuera de naturaleza inferior y tuviera que pasar largo tiempo en el Mundo del Deseo, no nos encontraría hasta que llegara al Segundo Cielo. Si morimos poco después que nuestro amigo, el encuentro quizás no tendría lugar en veinte años; pero eso importa poco porque en esas regiones se está completamente inconsciente del tiempo.
El amigo materialista, si vivió una buena vida moral, como generalmente suele suceder, se quedaría en la cuarta región del Mundo del Deseo durante cierto número de años, de acuerdo con el tiempo que vivió, y entonces pasaría al Segundo Cielo, si bien no tendrá allí una conciencia tan completa y perfecta como la persona que se haya preocupado por las realidades de la vida.
Lo veremos, reconociéndolo y asociándonos con él durante centurias enteras en la obra de crear el futuro alrededor ambiente, pues entonces no será ya más materialista absolutamente, porque cuando el espíritu arriba en esa elevada región, ya no está bajo las ilusiones que algunas veces lo envuelven en este mundo material. Todos y cada uno se reconocen como seres espirituales y sienten la memoria de esta vida terrestre en la misma forma en que nosotros recordamos una pesadilla. El espíritu, al entrar en ese mundo despierta a su verdadera naturaleza en cualquier caso.
PREGUNTA Nº 57
¿Reconoceremos a los seres queridos que han muerto?
Respuesta: Sí, ciertamente. Cuando un hombre abandona su cuerpo es exactamente el mismo que era antes. No hay diferencia alguna, salvo que no tiene cuerpo físico; él se ve a sí mismo en el Mundo del Deseo, y como retiene el recuerdo de su imagen aquí, se ve allí igual; su cuerpo de deseos tomará en seguida la forma que tenía su cuerpo físico, así que cualquiera que lo haya conocido en la vida terrestre lo reconocerá en seguida cuando pase al más allá. Además, será conveniente indicar que no hay poder transformador alguno en la muerte, que el hombre es mental y moralmente la misma persona. Oímos a veces hablar a la gente de algún muerto como si fuera un ángel o un santo, aunque realmente fuera un diablo aquí en la Tierra, pues creen irreverente decir la verdad cuando aquel ha pasado al más allá: Pero el hecho es que solo los que eran buenos aquí son buenos en el más allá.
PREGUNTA Nº 62
Se dice que no hay tristeza alguna en el cielo, pero si nos encontramos allí con algún ser querido el que después sigue adelante, esa partida ¿no produce siquiera un pequeño sentimiento de disgusto?
Respuesta: No, porque allí vemos las cosas tal como son. Aquí estamos cegados. Cuando el Ego viene al Mundo Físico, en un sentido es causa de regocijo, y efectivamente nos regocijamos cuando nace el niño, pues este mundo nos proporciona experiencias que nos permiten crecer anímicamente. Pero considerándolo desde otro punto de vista, cuando el Ego viene a este mundo y entra en la prisión del cuerpo denso, se encuentra en la situación más limitada imaginable, y regocijarse cuando nace un niño y lamentarse cuando muere es en realidad análogo a regocijarse cuando un amigo es aprisionado y entregarse a histéricas lamentaciones cuando queda libre.
Cuando el espíritu pasa al mundo celestial, se encuentra con algunos con los que estuvo asociado en la vida terrestre en el Primer Cielo, pero allí se ha hecho ya tan espiritual y está tan en contacto con las realidades de la vida, que sabe que la muerte no existe. Por consiguiente cuando alguno sigue adelante su camino no hay más que regocijo y placer porque entonces se sabe que lo encontraremos de nuevo y no puede dejar dolor alguno tras sí.


